
Ayer, yo vi una película de un director norteamericano, Oliver Stone, en que trata de los gobiernos de izquierda de Suramérica: Chávez, de Venezuela; Morales, de Bolivia; Cristina Kichner, Argentina; Lugo, Paraguay; Correa, Ecuador; Raúl Castro, en Cuba, que, aún que no sea una nación suramericana, fue incorporada por representarse como bastión de izquierda en el mundo; y, no menos importante, Lula, de Brasil, nuestro actual presidente.
Más allá de la frontera sur, título del documental de Stone, critica, sin duda, el Gobierno Bush, en postular, sin criterio, a Chávez e a todos que no están de acuerdo con Washington, como dictadores, hijos de própio mal y titulares de Apocalipse. Sin embargo, lo que nos muestra Stone son las populaciones vivas de estas naciones que tratan sus líderes no como representantes de una elite clara, que con ellos no se preocupan de tratar, pero como si mismos..
Yo dejé la sala de cine con una sensación de Che Guevara na boca - y como era hermoso el dulce argentino. Fragmentadas, las naciones de Suramérica, y Latinoamérica también, pueden convertirse en campo de producción para los pueblos del Norte. Unidas, integradas, una solamente, serán una voz en el mundo de la Pós-Modernidad de hoy, una voz que no podrá ser más ignorada, pero una que se escuche en Casa Blanca, en Palacio de Elíseo, en Naciones Unidas, com respecto e gravedad, y con la innegable belleza y sonoridad de Español y la dulce y encantadora suavidad de Portugués. Porque, hermanos, hablamos una misma lengua.
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